viernes, 5 de mayo de 2017

Caminando hacia una secundaria más humana

Betzabé Lillo. Maestra de Primaria. Fundadora, directora y formadora Montessori Canela.

En nuestra sociedad, y en las escuelas en general, suele criticarse a los jóvenes porque parecen ‘pasar de todo’ sin implicarse con su entorno, reduciéndose su participación a espacios alejados de sus necesidades y realidades. Cabe preguntarse qué modelo educativo se ha estado imponiendo socialmente durante siglos que genera esta representación social de los jóvenes. 

Es habitual reflexionar sobre la importancia de incorporar el constructivismo social de Vigotsky en el diario vivir de las escuelas, o de potenciar el attachment tan necesario para lograr aprendizajes significativos y de calidad en nuestras aulas. La realidad educativa de España permite replantearse cuestiones esenciales del aprendizaje, como el modelo educativo que impera el cual es transmisivo ya que sigue siendo una reproducción de conocimientos en masa, lo cual hace perder de vista a cada niño y joven.

Con frecuencia se dice que los jóvenes deben ser autónomos, proactivos, personas resolutivas, empáticas, asertivas, resilientes, que puedan reinventar la realidad a partir de sus errores y de sus aciertos, que aprendan a buscar respuestas en su interior, se pide que sean personas responsables e implicadas, en definitiva seres humanos más felices que se ilusionen por construir la ruta de sus vidas y puedan lograr todo aquello que anhelan en armonía consigo mismos y con los demás. Es posible si ocupan el lugar que les corresponde en cada comunidad, en la sociedad. Para lograrlo debe existir un trato más respetuoso por parte de los adultos que acompañan estos procesos de vida, ya sea al interior de las familias, a nivel de políticas públicas y de los centros educativos. Si pensamos en su educación nos daremos cuenta que viven lo opuesto a lo que se les exige: mentes adormecidas atentas a un sinfín de conocimientos aislados que nada significan en sus vidas. Actualmente suelen ser un colectivo sin voz y es algo que como centros educativos debemos modificar. Alguien alguna vez les ha preguntado ¿qué necesitan? Qué les interesa? ¿Sus opiniones se han visto realmente reflejadas en las formas de hacer y vivir la escuela?

El trabajo pedagógico que planteó la doctora Montessori es rico en experiencias de vida que permite a niños y jóvenes iniciar un camino de descubrimiento de sí mismos, de sus potencialidades y aprender a reemplazar el ‘no puedo’ por un ‘yo puedo’. Según la etapa evolutiva hay que diseñar ambientes que estén preparados para que cada persona logre desarrollarse al máximo posible. Dentro del diseño de cada Ambiente Preparado se considera como un eje central el desarrollo de diferentes tipos de independencia: en 0-6 se busca lograr la independencia de movimiento y lenguaje, en primaria la independencia intelectual y en secundaria la independencia económica. Esto quiere decir que las propuestas pedagógicas que enriquecerán estos espacios educativos tienen como característica el favorecer el logro de estos tipos de independencias en niños y jóvenes. ¿Por qué todos deben aprender lo mismo y en el mismo momento? es una pregunta inspiradora para tomar la decisión de cambiar la mirada. Desde estos espacios libres y democráticos, niños y jóvenes construyen rutas de aprendizaje avanzando en los niveles de voluntad y autonomía, lo cual les permite ser responsables de sus aprendizajes en colaboración con los maestros. En esta trilogía educativa (estudiantes-adulto-ambiente preparado) se avanza con equilibrio ya que el profesorado diseña diversas propuestas que son escogidas por los estudiantes, descubriendo nuevos temas y construyendo juntos el aprendizaje. Abrir el abanico de posibilidades pedagógicas enriquece sin duda alguna los procesos de aprendizajes de niños y jóvenes. 
Considerando que en este proceso educativo la responsabilidad coexiste armoniosamente con los límites y acuerdos que se trabajan, porque para que exista libertad debe necesariamente haber un acuerdo de límites que faciliten y fortalezcan los procesos individuales y colectivos de aprendizaje.



viernes, 7 de abril de 2017

La Escuela de Facilitación: un oasis en el desierto

Maddalen Olmedo Esteban. Alumna de la Escuela de Facilitación Juvenil de Fundación Pioneros.

Fundación Pioneros es una gran familia, una familia formada por personas que granito a granito están dispuestas a cambiar a mejor esta sociedad en la que vivimos. Pioneros trabaja con adolescentes y jóvenes para ofrecerles una segunda oportunidad a través de la educación. Uno de sus objetivos más significativos es acabar con la exclusión social que hoy en día muchos de nuestros jóvenes siguen padeciendo.

La Escuela de Facilitación Juvenil con enfoque Comunitario es un espacio creado por Fundación Pioneros, con el apoyo de Bankia, el Instituto Riojano de la Juventud y el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad para ayudar a jóvenes a desarrollar sus habilidades para el trabajo social juvenil y que estos se conviertan en participantes activos del cambio comunitario y social; así, formando a los que conocemos como facilitadores y facilitadoras juveniles.

Este es un espacio donde se nos brinda la oportunidad de juntarnos semanalmente para trabajar con diversos temas como por ejemplo: los derechos humanos, la igualdad de género, la resolución de conflictos de forma pacífica, la diversidad e interculturalidad, la participación juvenil...etc. Temas  tan interesantes como importantes, y de los que no se nos suele hablar mucho en el colegio, el instituto o la universidad. 

Que la palabra “escuela” no os engañe, porque esto no es una clase con mesas y alumnos que deben estar en silencio y coger apuntes.

La metodología de la Escuela de Facilitación Juvenil no es como la de los centros escolares. Aquí se nos enseña de manera didáctica; mediante una metodología participativa, lúdica y dinámica.
Es un espacio donde reinan las relaciones respetuosas y cercanas, donde las y los jóvenes podemos expresarnos libremente. Como he dicho antes, Pioneros es una gran familia, y como tal, participamos y damos nuestra opinión; la cual siempre se tiene en cuenta.

También ponemos en práctica los conocimientos adquiridos. Durante estos últimos meses hemos participado en diversas actividades: hicimos un “mannequin challenge” en contra de la violencia de género; acudimos a un Centro de Día donde pasamos una muy buena tarde con nuestros mayores; participamos en distintas actividades del Día Internacional de la Mujer, por ejemplo, renombramos las calles de Logroño con nombres de mujeres relevantes en la historia; y muchas más que están por llegar. Formando parte de estas actividades me he sentido llena y, más que dar, he recibido; y mucho.

Para acabar debo agradecer a Fundación Pioneros por crear este bonito oasis en mitad del desierto. Un oasis formado por personas llenas de energía y esperanza, personas comprometidas con la sociedad, personas luchadoras, personas generosas; personas que lo dan todo para crear un espacio donde las y los jóvenes nos podamos expresar con libertad y confianza.


Gracias, mil gracias por confiar en nosotros y nosotras y hacernos formar parte del desarrollo comunitario y la transformación social. Individualmente somos fascinantes, pero juntos lo somos mucho más.

viernes, 3 de marzo de 2017

Mujer y gitana

Miguel Loza Aguirre. Pedagogo y asesor de Educación de Personas Adultas en el Berritzegune de Vitoria.

Tuve la suerte de participar en las X Jornadas Sim Romi que, bajo el lema “Feminismo e Interculturalidad”, se celebraron en Bilbao organizadas por la Asociación de Mujeres Gitanas del mismo nombre.

Me decidí a ir porque ya hacía algún tiempo que participaba en la Tertulia Literaria Dialógica que había organi­zado dicha asociación. Allí, además de leer a García Lorca y a Shakes­peare, entre otros autores y autoras, había conocido a diferentes mujeres gitanas que, desde un principio, aca­baron con los estereotipos que yo tenía acerca de ellas. Es decir, con esa imagen deformada que nos ha trans­mitido la sociedad a través de diferen­tes mecanismos. Soraya, Rosa, Victo­ria, Dora, Jessi y otras mujeres gitanas participantes de la tertulia me habían mostrado sin tapujos la calidad hu­mana que anidaba en ellas y su re­solución y lucha por conseguir, tanto en el pueblo gitano como en toda la sociedad, una igualdad efectiva entre hombres y mujeres. Como bien dice Rosa, su presidenta: “Para mejorar el proceso de convivencia se tiene que tra­bajar sobre el conocimiento”. Ella tiene claro que los estereotipos surgen del desconocimiento. “Si no conoces algo te crees lo que te cuentan, sin poder va­lorar si es cierto o falso. Hay que tener en cuenta que para avanzar en el respe­to la base es conocer”. Y eso es lo que yo había aprendido, entre otras cosas, compartiendo palabras con aquellas magníficas personas en la tertulia.

Soy de los que piensan, frente a los que asignan una única identidad a las personas, que somos seres con iden­tidades múltiples y que la identidad, además de tener diferentes rostros, no es algo estático y definitivo, sino que se va construyendo a lo largo del tiempo. Cuando Paulo Freire afir­ma que las personas somos seres de transformación y no de adaptación, entiendo que también se refiere a la gitaneidad como expresión viva de la cultura de un pueblo, es decir, de la forma de entender la vida de esa co­munidad. 

Siempre he pensado que de la misma forma que lo que hoy consideramos tradición nació por de­cisión de una serie de personas en un determinado momento de la historia, también por decisión de otras, pue­de renacer con distintos matices por la voluntad de otras, sin que por eso se pierda la esencia de la comunidad. Esto se refleja en las palabras de Rosa cuando dice que: “Nosotras entende­mos que actualmente la educación es la base principal para conseguir una ca­lidad de vida digna. 

Es verdad que en el pueblo gitano la educación no se había considerado como un valor, porque la familia era para nosotros la transmisora del conocimiento. Sin embargo la visión sobre la educación se ha ampliado y ahora tiene mucha más importancia. Por ejemplo, anteriormente a las mu­jeres se les había educado para ser las que críen a los menores y a la familia, por roles aprendidos de madres a hijas y eso también está cambiando, siendo cada vez más las mujeres que estu­dian”.


No hay tradición que pueda justifi­car la desigualdad de ningún tipo y menos la que exista entre hombres y mujeres. Pero tampoco podemos afirmar que rompiendo con la tradi­ción y las costumbres de un pueblo se avanza en la igualdad. Por eso, aunque en los últimos años la mujer gitana ha experimentado un gran avance en todas las áreas, y cada vez son más gitanas las que acceden a es­tudios superiores y también al mun­do laboral, ese avance no significa que esas mujeres quieran dejar de identificarse con su familia, su pueblo y su cultura. O como bien dice Rosa: “Me siento mujer, y soy consciente de lo que supone ser mujer en una sociedad patriarcal. Y por otro lado, soy gitana y sé que nuestra cultura tiene unos valo­res muy desconocidos para la sociedad como: el sentimiento de pertenencia, nuestra bandera, nuestra lengua, nues­tros días señalados, la unión familiar, el respeto a los mayores... que me enri­quecen como persona y como mujer”.

viernes, 3 de febrero de 2017

Abrazar los conflictos a través del teatro



Daniele Cibati. Escuela de teatro TRES Social.

Mirar al mundo en este momento histórico, aunque sea con una mi­rada distraída, es darse cuenta del aumento vertiginoso de retos a los que nos encontramos como socie­dad humana.

Retos medioambientales, sociales y culturales que, lejos de ser en­frentados de manera eficaz, pare­cen expandirse como sombras en nuestra realidad, generando des­confianza y alienación.

Y nosotros, desde nuestra peque­ñez, no somos ajenos a esta des­confianza, a esta alienación: los reflejos de las turbulencias en el sistema-mundo afectan en casca­da a los subsistemas conectados: el barrio, la escuela, la familia.

Los conflictos en nuestro entorno se hacen cada vez más presentes: acoso escolar, violencia de género, delitos de odio por cuestiones de etnia, religión, orientación sexual…, conflictos que aumentan mientras que se reducen los ejemplos de so­luciones eficaces y sostenibles.

Está claro que necesitamos solu­ciones nuevas. Lo que aún no pa­rece ser muy evidente, a pesar de los fallos reiterados, es que solu­ciones nuevas solo podrán encon­trarse si empezamos a pensar de manera novedosa, diferente, sobre la misma realidad.

Y otra manera para pensar es, ine­vitablemente, un re-pensar nues­tra manera de crear conocimiento, de crear soluciones.

Sumergidos en los últimos 500 años de modernidad, donde el monopolio del pensamiento lógi­co racional (¡Pienso luego soy!) ha sido nuestro único instrumento de acercamiento a la realidad, tal vez es el momento de redescubrir al ser humano y sus capacidades.

Este redescubrir es encontrar que además del cerebro tenemos re­des neuronales en el corazón y en el intestino. Que además de pen­sar con la cabeza, podemos pensar con el corazón, con el cuerpo.
Que somos seres tri-cerebrados y como tales deberíamos poder pensar nuestra realidad. Y que, además, somos seres gregarios y, por lo tanto, podemos pensar la realidad y nuevas realidades de manera colectiva, conectados.

De entre las propuestas novedo­sas que están surgiendo en estos años para poder facilitar el nece­sario cambio social desde este re-pensarse, nos encontramos con el teatro social: una categoría me­todológica de construcción colec­tiva de conocimientos a través de la sinergia entre cuerpo, reflexión crítica y emociones.

En esta categoría, el Teatro-Foro es tal vez una de las herramientas más conocidas para el impulso de procesos de diálogo colectivos entre personas que viven los con­flictos y que buscan soluciones eficaces.

¿Qué es el Teatro-Foro? Es una experiencia colectiva, participati­va y dinámica donde, a través de la novedosa interrelación entre el público y la obra en escena, a tra­vés del cuerpo, las emociones y la reflexión crítica, se avanza con­juntamente para comprender las causas sistémicas que generan la violencia que vivimos en nuestro entorno.


Las experiencias que se están dan­do en diferentes lugares de Espa­ña sobre el uso del Teatro-Foro para, por ejemplo, generar proce­sos de convivencia escolar son es­peranzadoras: reflexionar conjun­tamente alumnado, profesorado y familias, sobre los conflictos en el aula, protagonizando la posibili­dad de poner conciencia sobre sus propias vivencias, a través de esta nueva integralidad cabeza-cuer­po-corazón-conexión es lo que nos está mostrando, ahora mismo, no solo que es posible un cambio, sino que ya estamos en el camino de su producción.

lunes, 9 de enero de 2017

Preguntas puntiagudas a los 12-18 años


Matías Salazar Terreros. Psicólogo.

En los años 50-60 años, los que eran de la edad de 12-18 años disponían de pocas cosas: comida no abundan­te, un par de zapatos, ropa interior de quita y pon; escuela hasta los 12 o 14 años en la mayoría de los chicos y chicas; con un único libro (la enciclo­pedia); no había tele en la inmensa mayoría de las casas y muy pocos aparatos de radio.

Había que decidir en la familia si los hijos e hijas habían de estudiar for­mación profesional, universidad o trabajar de aprendices. El seguir es­tudiando significaba nuevos gastos y muchas familias no lo consideraban conveniente o posible. El trabajar era la posibilidad de aportar algo a casa o de disponer de dinero para divertirse.
Los horarios eran al revés que ahora: la gente salía de casa a las 5 o 6 de la tarde y volvía a casa antes de las 12 de la noche.

Hoy todo esto ha cambiado. Hay de todo. Hay más estudio. Hay más libertad. Y aquí vienen estas 4 pregun­tas puntiagudas para contestarlas:
a.- ¿Los chicos y chicas que ahora tie­nen entre 12-18 años, son felices?
b.- ¿En qué ponen la felicidad?
c.- ¿Por qué muchos de ellos alteraran su estado de ánimo con drogas (alco­hol u otras sustancias)?
d.- ¿Por qué piensan que las sustan­cias (drogas) que toman no les hacen daño si ven que eso es falso en mu­chos casos?

A esta edad, un chico o una chica busca tener un amigo o una amiga. Desde siempre se ha dicho que tener un amigo es lo mejor que nos puede suceder; y que es útil, conveniente, humano que la amistad dure hasta los 99 años.

Tener un amigo es un tesoro; es una fuente inagotable de gozo, de alegría, de serenidad, de ánimo para afrontar la vida. Con todo, es conveniente no confundir amigo con compañeros o amiga con compañeras. Los amigos son poquísimos: uno o dos. Los com­pañeros pueden ser muchos. Tampo­co hablamos de “novietes o novietas”.

Tener un amigo no es una lotería; tener un amigo es una labor que re­quiere ideas claras y una voluntad decidida. Hacerse amigo de uno re­quiere -en más o menos grado- un trato basado en la sinceridad, en el respeto, en la humildad, en la genero­sidad, en la capacidad de perdonar y de pedir perdón, en la ayuda desin­teresada, incondicional y gratuita, en la confianza. Sin estas cualidades la relación de amistad no crece, se apa­ga o desaparece. La amistad implica estar con el amigo en las crudas y en las maduras; en los ratos buenos y en los de sufrimiento o de aburrimiento.

Sin estas cualidades no habrá amis­tad; puede que haya dependencia o sumisión de uno al otro; o puede que la amistad se acabe y solo quede una frialdad afectiva o complicidad no para el bien sino para hacer daño al amigo, a uno mismo o a otros.

Preguntas puntiagudas.
1ª.- ¿Crees que se da la amistad en esta edad?
2ª.- En vuestros ambientes o corrillos ¿a qué se llama tener amigos?
3ª.- ¿Qué crees que te aporta un ami­go? y ¿qué le aportas tú a él?
4ª.- ¿Qué es lo que hace que la amis­tad se rompa?
5ª.- Y ¿qué le hace crecer?

La felicidad y la amistad van siempre juntas.

Deseo que no se separen de ti.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Transferencia de la educación Montessori a las escuelas

Betzabé Lillo. Maestra de Primaria. Fundadora, directora y formadora Montessori Canela.

Cada vez más maestros, madres y padres buscan un cambio de visión tanto en sus prácticas pedagógicas como en la crianza. Esto nace de la necesidad de reencontrarse con un espacio donde podamos volver a conectarnos con la alegría de vivir, con el amor y sobretodo con nuestra vocación.

Volver a replantearnos el por qué decidimos ser maestros o por qué somos familia es tan solo el origen de un camino de desarrollo humano que puede tener diferentes respuestas. Es un acto de honestidad al reconocer todo aquello que tenemos, y todo aquello que nos falta, situándonos en un espacio de aprendizaje constante.

En este contexto en el año 2011 fui­mos invitados a III Jornadas Educati­vas organizadas con Crianza Riojana y la Universidad Popular de Logroño, para compartir la visión de la Educa­ción Montessori que hemos ido de­sarrollando como equipo desde el año 2008. Así nace nuestro vínculo con La Rioja. Continuamos en años posteriores dando ciclos que incluían sesiones sobre Neurociencia-Mon­tessori, Ambiente Preparado Físico y Psíquico, Introducción a Matemáticas y a Lenguaje (transición de Infantil a Primaria).

Nos alegró profundamente que par­ticiparan cada año tantas familias, y fue emocionante ver cómo comen­zaban a llegar maestros desde Educa­ción Infantil a Secundaria, logopedas, psicopedagogos, psicólogos y equi­pos de orientadores: entre todos co­menzamos a generar un cambio, un cambio que se traduce en lograr una mejor calidad de vida como seres hu­manos, en nuestro hogar, en nuestros contextos laborales.

Este movimiento de renovación pe­dagógica ya se inició y no se detiene, está en expansión. Los agentes socia­les que se han ido involucrando ayu­dan a crear nuevos espacios de parti­cipación para dar forma a aquello que intuyen y que estudian, a aquellas formas de aprender que los mismos niños y jóvenes les muestran día a día. Por ello durante el curso 2015-16 aceptamos la invitación de la Conse­jería de Educación de La Rioja para realizar unas sesiones de iniciación a esta pedagogía con maestros de es­cuelas públicas. Se interesaron cerca de 120 maestros. La experiencia ha sido enriquecedora, en cuanto el inte­rés y la voluntad de muchos de ellos para formar grupos de trabajo que les permitieran tomar impulso y mejorar día a día.

Una de las claves de la Educación Montessori es que para cambiar la educación es esencial un trabajo de auto observancia por parte del adulto que acompaña estos procesos pe­dagógicos. Conocernos, reconocer­nos y atrevernos a modificar aquello que en nosotros mismos no fluye, es el punto de partida para poder comprender los planteamientos filo­sóficos, científicos y metodológicos de María Montessori. No es posible generar un cambio real si nos centra­mos en un “método” y olvidamos lo central de nuestra labor: reconocer a cada niño y joven como un ser único e irrepetible, y desde allí identificar sus intereses y necesidades antes de “impartir” clases año tras año, monó­tonamente, centrados en mi “exper­ticia docente”.

El aprendizaje que se inicia desde el trabajo con “materiales”, surge gracias a la observación científica, al conocimiento de cada uno de los niños de la clase y del grupo en su totalidad. Por ello es una pedagogía que invita a “personalizar los pro­cesos educativos de cada uno”. Esto requiere de un trabajo sostenido en el tiempo para los maestros. Implica también una toma de decisiones a nivel de políticas educativas porque evidentemente no se trata tan solo de aprender un método de apren­dizaje. Comenzar a trabajar desde la esencia facilita a los maestros la trans­ferencia de la Educación Montessori a sus contextos educativos. Se requiere de un trabajo constante con los equi­pos directivos para que logren des­cubrir qué necesitan realmente sus equipos de maestros.

Hoy en día cada vez más maestros toman la decisión de replantearse la forma de hacer y vivir la escuela, un lugar donde puedan desarrollar­se profesionalmente sin olvidar su propio ser y volver a trabajar en red, de manera colaborativa para dar res­puestas reales y concretas a muchos replanteamientos sobre la escuela actual.

viernes, 4 de noviembre de 2016

La práctica del mindfulness en entornos de aprendizaje

Virginia Pañeda Sanz. Especialista en Educación Transpersonal y formadora de programas de Mindfulness en entornos educativos.

Todo lo relacionado con el mindfulness o atención plena nace de una firme apertura hacia la sencillez, empezando por la definición que nos propone uno de sus pioneros, Jon Kabat-Zinn (1994): “mindfulness significa prestar atención de una manera especial: intencionadamente, en el momento presente y sin juzgar”. Pero conciliar la invitación de detenernos a “sencillamente” deleitar el instante presente con nuestros ritmos diarios nos resulta tremendamente complejo. Parece que vivimos en una sociedad en la que no podemos permitirnos parar (de producir, de consumir, de hacer), ni encontramos una forma sana de reducir algunos de “los crónicos” de nuestro tiempo como el estrés, la ansiedad o la insatisfacción permanentes. Este diagnóstico también afecta profundamente a los espacios educativos, por lo que como profesionales que acompañamos procesos de aprendizaje quizá la pregunta que debemos hacernos es ¿cómo crear espacios donde podamos parar, conectar y ser, más allá de la vorágine de inmediatez y la fragmentación deshumanizante en la que estamos sumergidos?

Si miramos con detalle nuestros entornos de aprendizaje, como explica Deborah Schoeberlin, uno de los grandes desafíos es sin duda que nuestro alumnado desarrolle la capacidad de enfocar la atención y la conciencia de lo que está pasando en cada momento a nivel corporal, emocional y mental. Sin duda la falta de atención está conectada a la falta de presencia y de ahí se deriva una tremenda desconexión con nuestro interior y con nuestro alrededor. Por eso la propuesta fundamental del mindfulness es precisamente recuperar el estado natural de conexión, recorriendo un camino de vuelta a nuestra esencia, y abriendo la puerta de nuevo al aprendizaje que nos atraviesa, aquel que tiene lugar cuando estamos presentes con todo lo que somos.

La práctica de la atención plena está basada en el cultivo de algunas habilidades que nos permiten tejer relaciones más auténticas “con lo de dentro y lo de fuera”. La habilidad por excelencia es la atención, que va de la mano de la concentración, y entre ambas ayudan a revitalizar la inquietud innata por aprender. Además, entrenar nuestro enfoque de atención nos ayuda a reconocer las sensaciones, pensamientos y emociones que surgen en cada momento. Esto nos lleva a otra de las habilidades más importantes, la observación: el mindfulness fomenta el desarrollo de una presencia testigo, cuyo principal foco es observar. De esta manera, el autoconocimiento pasa a ser una prioridad en nuestro crecimiento como personas. A través de la observación también podemos aprender a tomar distancia (de los estímulos internos y externos), y es gracias a esta distancia que podemos responder de forma consciente en lugar de reaccionar a los estímulos. Y por último la compasión es otra de las cualidades clave del mindfulness, Vicente Simón se refiere a ella desde dos elementos “el emocionarse por el sufrimiento” y “el deseo de aliviarlo”. Gracias a la compasión, se nos ofrece la posibilidad de abrirnos a la presencia tan necesaria en entornos educativos de otras virtudes humanas tales como la solidaridad y la empatía.

La educación es uno de los entornos en los que el mindfulness ha sido introducido desde hace más de una década, en concreto en España existen numerosos centros educativos que lo están practicando. Las experiencias realizadas destacan el aumento de los niveles de regulación emocional de los estudiantes, la reducción de conflictos y la mejora las relaciones entre profesorado, alumnado y familias, aportando numerosos beneficios para toda la comunidad educativa. De manera práctica introducir el mindfulness en nuestros espacios educativos puede ser tan sencillo como dedicar un tiempo diario a la meditación en grupo, dar un paseo consciente o embaucarnos en una tarea creativa sin la urgencia ni la limitación de llegar a ningún resultado.

En la raíz de la atención plena está el propósito de crear procesos para conectar con el discernimiento, la intuición y nuestra expresión más humana, un fin que compartimos muchas personas que trabajamos en entornos educativos. Tenemos en nuestras manos la oportunidad y el privilegio de comenzar a practicar el parar, conectar y ser, con un gesto de apertura ante lo que supone aprender y educar desde el estado íntimo de presencia y corazón.