viernes, 2 de noviembre de 2012

Llegan buenos tiempos para la educación social, ¡viva la crisis!


José Ignacio Macías Heras. Educador de Fundación Pioneros.
Parece lógico pensar que la labor de los políticos debe de ser la de procurar que las Administraciones faciliten las mejores condiciones para que la sociedad se desarrolle de la manera más eficiente.
Los esfuerzos realizados en educa­ción retornan a la sociedad con los años, y nos beneficiamos todos los ciudadanos, toda la sociedad. Es una visión a largo plazo, pero que requiere actuar en el presente para sentar las bases. Es preciso que ciu­dadanos responsables, con altura de miras, entregados al bienestar común, filántropos, tomen estas decisiones tan necesarias para una sociedad.
Ahora asistimos a la nueva situa­ción generada por recortes, donde se está dificultando el acceso a la educación de los más desfavoreci­dos, como siempre. Las condicio­nes de los estudiantes van a ser más desfavorables, así como las de los profesionales de la enseñanza, con más horas lectivas y más alum­nos por aula. Esto va a implicar un descenso claro en la calidad de la enseñanza, matrículas, materiales y libros más caros, ratios mayores; difícil será encontrar argumentos que defiendan lo contrario. Si las condiciones empeoran solo que­daría creer en lo divino.
Lamentablemente las prioridades de los políticos que tienen en sus manos cambiar esto se miden en cuatrienios o múltiplos.
Por lo tanto es previsible augurar nuevos desajustes en el sistema educativo, desajustes que provo­carán inadaptación, y que a su vez trataremos de corregir recetando más educación social.
El objetivo último y utópico de los profesionales de la educación social debe de ser el de desapare­cer, que no sean necesarios “adita­mentos alternativos” para aquellos ciudadanos que no caben en el estrecho sistema educativo formal, reformulado cada cuatro años en función del color de la bandera po­lítica de turno.
El objetivo de la educación en ge­neral es que el sistema sea lo sufi­cientemente adaptativo para que todos quepan dentro, y esa diver­sidad nutra la sociedad.
Pero gracias a esta crisis y a siste­mas caducos, se querrá compensar los futuros desajustes con educa­ción social, economía social, justi­cia social, participación social. Los educadores sociales vamos a tener mucho trabajo en el futuro y segu­ramente peor remunerado, puesto que la realidad está expulsando del sistema a los ciudadanos a patadas.
¿Y si pedimos solamente EDUCA­CIÓN, ECONOMÍA, JUSTICIA Y PAR­TICIPACIÓN?
Eso sí, de calidad.
En este sentido llega la hora de que las organizaciones sociales adquieran un papel supervisor de la realidad para hacer oír su voz y prevenir desajustes mayores, que salvaguarden los derechos de los ciudadanos más sensibles a la nue­va y amenazante situación en la que vivimos. Estas organizaciones tienen que ser valientes y denun­ciar las posibles injusticias que se puedan generar.
Llega el momento en que todas las organizaciones de una comunidad pequeña como la nuestra vayan de la mano, porque es más lo que compartimos que lo que nos di­ferencia. Porque trabajamos con gente que tiene menos recursos de todo tipo, los primeros a los que golpea una crisis, porque confían en nosotros para engancharse al tren de una vida digna. Eso está por encima de otras consideracio­nes y si no lo logramos habremos perdido nuestra razón de ser.