jueves, 6 de noviembre de 2014

La esfera violeta del Aprendizaje-Servicio

Roser Batlle Suñer, pedagoga, especializada en Aprendizaje-Servicio.

Mezclando el azul de los aprendizajes con el rojo de una acción de servicio a la comunidad se consigue el color violeta del aprendizaje-servicio.

Esta imagen plástica subraya uno de los valores más significativos del aprendizaje-servicio, una metodología que se extiende como una mancha de aceite: sumar objetivos tradicionalmente separados. 

En nuestro imaginario colectivo, para ser más sabio vas a la escuela, pero para ser más bueno, vas a una ONG. Pero, parafraseando a Adela Cortina, no se construye una sociedad más justa con ciudadanos mediocres, y por tanto los esfuerzos educativos deben dirigirse a formar ciudadanos competentes, capaces de transformar el mundo. Este anhelo integrador, sumatorio, está en la base del aprendizaje-servicio. 

En nuestro país tenemos una larga tradición de escuelas e institutos que impulsan cada año acciones solidarias. A veces se aprovechan las campañas navideñas, actuaciones de defensa de la naturaleza, hermanamientos con escuelas de otros países… Estas acciones representan un compromiso social del centro educativo con el entorno y una voluntad educativa de incidir no sólo en la formación académica del alumnado, sino también en sus valores cívicos, en el fomento de la ciudadanía.

Sin embargo, frecuentemente las acciones solidarias se llevan a cabo al margen de los contenidos escolares. Se viven como un complemento que se añade a un programa de asignaturas ya de por sí muy apretado. El servicio a la comunidad, hoy por hoy, no forma parte del currículum. En consecuencia, si hay tiempo se hace, y si no, pues no se hace y no pasa nada.

Pero en el momento actual, y en diversas poblaciones españolas, muchas escuelas, institutos y centros de educación no formal están descubriendo una manera de integrar el servicio a la comunidad en el plan de estudios, colaborando con entidades sociales. Esto es el aprendizaje-servicio (ApS): proyectos educativos con utilidad social en los que se funde la intencionalidad pedagógica con la solidaridad.

Uno de los ejemplos más claros es el proyecto Campaña de Donación de Sangre donde chicos y chicas de primaria y secundaria, en el marco de las asignaturas de Ciencias Sociales, Ciudadanía, Lenguaje o Biología, desarrollan su propia campaña en el vecindario, colaborando con el Banco de Sangre de la localidad. Así consiguen aplicar y profundizar contenidos curriculares, pero no sólo se logra eso: estos proyectos consiguen casi el doble de donaciones y casi el doble de nuevos donantes que las campañas ordinarias del Banco de Sangre.

El ApS une el éxito escolar con el compromiso social de niños, niñas y jóvenes, de manera que les proporciona la oportunidad de actuar como ciudadanos, haciendo un servicio a los demás y aprendiendo de esta experiencia. 

En nuestro país ya lo estamos descubriendo y alimentando. Los días 19, 20 y 21 de tendrá lugar en Logroño el VII Encuentro de la Red Española de Aprendizaje-Servicio, una red que reúne los grupos promotores que existen en 14 CCAA.

Fieles al espíritu integrador del aprendizaje-servicio, estos grupos territoriales intentan acoger diversos sectores educativos y sociales: profesorado, entidades sociales, universidades, administraciones públicas, sector privado, a fin de compartir conocimientos y experiencias, bajo la idea general de que el aprendizaje-servicio es patrimonio de todos.

La experiencia de estos últimos diez años confirma que impulsar la esfera violeta del aprendizaje con el servicio exige también mestizaje de niveles, actores y sensibilidades. Hay que desprenderse de la vieja y trasnochada práctica de que cada actor educativo y social trabaja en solitario. En el aprendizaje-servicio el trabajo en red es la paleta base donde se mezclan los colores.

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